lunes, 3 de noviembre de 2008

Sex and the City (2008) - 6

Dirección: Michael Patrick King.
Intérpretes: Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, Chris Noth.

Carrie Bradshaw, escritora neoyorquina, acepta casarse con el gran amor de su vida, al tiempo que una de sus mejores amigas sufre un desengaño en su matrimonio. La boda tendrá algunas complicaciones.

En 1998, basada en la novela de Candace Bushnell, la cadena HBO ponía en el aire la serie "Sex and the City", que narraba las andanzas de cuatro amigas neoyorquinas que intentaban estabilizar su vida sentimental. El éxito indujo a los productores a filmar una película, que demoró su realización debido a las pretensiones salariales elevadas de Kim Cattrall, quien interpreta a la fálica Samantha Jones, la cual incluso - a contrario de lo que sucede en la ficción - parece no llevarse del todo bien con Sarah J. Parker.

El filme parece ser sólo apto para quienes disfrutan de la serie y conocen sus vaivenes, ya que los personajes - salvo los de Samantha y la aniñada Charlotte - no resultan bien definidos y en determinadas escenas cuesta comprender lo que el guión no explicita y que surge de los estereotipos delineados previamente.

El ritmo que ofrece la trama es bueno, y el manejo de las emociones del espectador resulta admisible solo hasta el punto en que la sensiblería invade injustificadamente algunas escenas, lo cual no procede sin embargo en detrimento del producto terminado. Incluso el mensaje final de la película es extraordinario, hasta que se derrumba, empalagado por el exceso, con una melosa frase de Carrie Bradshaw, lo cual, por cierto, no le resta mérito.

Durante el desarrollo de la cinta se perciben algunos toques sarcásticos que son dignos del aplauso, expresados mediante el contraste rápido y efectivo de situaciones ambiguas y momentos contradictorios, con un leve toque bizarro, que tal vez apunten, más que al regocijo sin justificaciones, a una sutil crítica hacia la superficialidad y el snobismo, la cual sin embargo no queda del todo definida durante el filme; ambos elementos parecen más bien ser ensalzados en ciertos momentos (el desfile de joyería y vestuario haría ruborizar hasta a las más ornadas reinas: el anillo que recibe Samantha como regalo de su novio efectivamente cuesta U$S 50.000, por sólo citar un ejemplo).

Sorprenden las actuaciones de Kristin Davis y de Cattrall, sobre todo de la primera, que - pese a hacer todo lo posible, en el afán de dotar a su personaje de mayor credibilidad - no cae en la sobreactuación, sino que le alcanza con las dos horas y media de rodaje para estilizar un arquetipo feminoide profuso en cavilaciones extramundanas y en desbordes emotivos, siempre en la fastuosa atmósfera de superficialidad y carteras de Louis Buitton, vestidos de Dior y zapatos de Manolo.

No deja de ser un capítulo más de la serie, entretenido como producto televisivo, pero que fracasa en su intento de dejar un mensaje profundo y emotivo, y que sólo alcanza para que los corazones femeninos se estremezcan al comulgar en sentimiento con los desplantes sufridos por las pobres mujeres, y algunos maliciosos masculinos sonrían con sorna - y siempre en silencio - al reencontrarse con determinadas conductas ambivalentes e irascibles.

A destacar: La última escena.
A reprochar: La banalización de ciertos tópicos en el intento de dejar un mensaje profundo.

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