miércoles, 16 de mayo de 2007

El Padrino (1972) - 10

Director: Francis Ford Coppola.
Intérpretes: Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall, James Caan.

Cuando Vito Corleone, el jefe de la principal familia mafiosa de New Cork sufre un atentado, sus hijos buscarán la manera de conservar el poder; uno de ellos, Michael, alejado de los asuntos familiares, se involucrará definitivamente, sufriendo una asombrosa transformación.

Hay películas que se destacan por su dirección; otras, por sus brillantes interpretaciones; algunas por su atrapante guión, y las menos, por el perfecto ensamble de todos sus ingredientes. Estas últimas son las denominadas “obras maestras”, y El Padrino es una obra maestra con todas las letras. No en vano ha sido premiada con el oscar a la mejor película de 1972 (al margen de otros galardones) y mencionada constantemente cuando se hace el recuento de las mejores películas de la historia del cine.

Todo es perfecto; El Padrino no deja ningún detalle para criticar negativamente. De un brillante libro, escrito por Mario Puzo, el propio autor y Coppola adaptan de manera excelente un guión con una historia profunda y compleja, trasladada de manera efectiva y certera a la pantalla y desarrollada a través de imborrables imágenes y tomas revolucionarias, como la de cámara móvil, que da inicio al filme (mientras Bonasera lamenta sus cuitas ante el Padrino Corleone). El montaje no deja respiro y la fotografía de Gordon Willis, harto elogiada, pone la cereza en la torta a esta cita inevitable para cualquier cinéfilo.

Para los protagonistas era un reto difícil interpretar a los personajes del best-seller de Puzo, individuos complejos, psicológicamente disímiles y ambiguos, insertos en un contexto que alterna el honor y la fidelidad familiar con la corrupción más mordaz y espantosos homicidios y extorsiones. Sin embargo, el elenco brilla como en pocas películas, destacándose sobre todo Brando (que ganó el oscar al mejor actor y envió a una indígena americana a rechazarlo, en protesta por el trato que reciben los indios en Estados Unidos) y Pacino, resistido en un principio por los productores del filme, pero que tras la escena del asesinato de Sollozzo y del jefe de policía convenció al mundo de que era uno de los mejores actores de Hollywood.

Mención especial merece la partitura de Nino Rota, dirigida por Carmine Coppola (padre de Francis), que nos transporta desde la tensión de las escenas de suspenso hasta la belleza del paisaje siciliano (en el largamente difundido “Tema de amor del Padrino”), pasando por el muy transalpino y melodioso “Vals del Padrino”.

Para quien no la vio, cita imperdible; para quien la vio, siempre se deja ver de nuevo.

A destacar: La increíble historia y las interpretaciones.
A reprochar: -

300 (2007) - 5

Director: Zack Zinder.
Intérpretes: Gerard Butler, Lena Heady, Rodrigo Santoro.

El general espartano Leonidas recibe a un mensajero del persa Xerxes, quien le exige la sumisión del pueblo espartano. Leonidas lo mata y se prepara para enfrentar al ejército persa, reclutando a sus mejores 300 hombres para detener a Xerxes en el paso de las Termópilas.

Dentro de esta nueva corriente del cine “comic”, en el cual se intenta transpolar a la pantalla lo que sucede en el cuadro de una historieta, ya había tenido cierto suceso “Sin City”, basada en un comic de Frank Miller, plagada de personajes fabuleros y mujeres infartantes. Las notas principales de este tipo de películas son el ambiente sombrío, lo infantil de las caracterizaciones y los efectos especiales como medio para generar situaciones inverosímiles pero muy dignas de una historieta.

En esta sintonía, 300 (también de Miller) hace perfecto honor al género, y termina convertida en un producto para consumo adolescente o masculinoide, cargada de situaciones violentas, héroes mitológicos con musculaturas rimbombantes, acción vertiginosa, escaso guión (como sucede en este tipo de películas), violencia y más violencia. Más allá de la pretensión de fidelidad al hecho histórico de la Batalla de las Termópilas (en la cual efectivamente trescientos espartanos contuvieron la invasión persa) esta cinta rebusca recursos melodramáticos y agresivos para liberar al espectador con un dejo estremecido de conclusiones latentes y superficialidad absoluta.
El filme no deja de ser entretenido (aunque en ciertos momentos la narración se torna un tanto tediosa), amén de lo infantil de los personajes, de la violencia cuando es gratuita y de las escenas de sexo totalmente injustificadas y que no aportan absolutamente nada al endeble argumento. La escenografía, realizada íntegramente de manera digital, consigue sumergir en un ambiente épico de manera acertada, pero contribuye a la ya moldeada inverosimilitud de la historia.

Dentro del contexto de cursilería y de acción obligada, se destacan las actuaciones de un tallado Gerard Butler en el papel de Leonidas y de Rodrigo Santoro encarnando a un afeminado Xerxes; ambas correctas en la medida en que la narración y el llano guión lo permiten.

Sólo apta para los amantes del género del “cine-cómic”, de la acción, de la sangre, de las mutilaciones y lanzazos gratuitos.

A destacar: La muy buena fotografía y los efectos de sonido.
A reprochar: La sobreactuación generalizada.

Goodfellas (1990) - 10

Director: Martin Scorsese.
Intérpretes: Ray Liotta, Robert de Niro, Joe Pesci.

Henry Hill, joven irlandés que vive en New York durante los años '50, se ve fascinado por el estilo de vida que llevan los gángsters. Comienza entonces a participar en una banda delictiva desde sus más bajos escalones, hasta convertirse en uno de sus más importantes miembros.

Si decimos que Martin Scorsese es uno de los directores más importantes de la historia del cine, no exageramos; y si luego afirmamos que esta es una de sus obras maestras, nos damos una idea de la dimensión de esta espectacular cinta, que supone el ejemplo perfecto de cómo debe narrarse una historia y de cómo debe proceder un director para mantener al espectador definitivamente compenetrado con la trama.

Lo notable de esta película es el sustento brillante de su guión, escrito por Nicholas Pileggi en colaboración con el propio Scorsese ; el honor, la amistad, el amor, la corrupción, el homicidio, el poder, las drogas, la traición... todo se va agolpando en el relato de Henry Hill, quien va narrando en primera persona su trayectoria como criminal, casi como descuidadamente, desde la perspectiva de un hombre obnubilado por el fasto del poder pero con cierto dejo de decepción entrelazada con nostalgia.

Técnicamente es una obra maestra. Lo poco convencional de ciertos ángulos y tomas en ningún momento desorientan al espectador; por el contrario, definen situaciones de manera brillante, y en muchos casos son una herramienta que impulsa exactamente lo que la situación exige. Como ejemplo ponemos la escena en la cual Henry Hill entra en un night club y va presentando a sus habitués, quienes interrumpen la charla para saludar. No es a Hill sino a la cámara a quien ellos saludan, y el recurso es sencillamente brillante. Las imágenes congeladas aciertan por su sobriedad y contundencia, y la banda sonora es el arma letal que da el golpe de gracia reforzando impresionantes secuencias (como la del desfile de cadáveres mientras suena el magnífico instrumental "Layla").

Los personajes, que por otra parte son reales, no pueden ser mejor interpretados. El director ya había dirigido a de Niro y Pesci en "Toro Salvaje", exactamente diez años antes, y logra en ambos caracterizaciones impresionantes, sobre todo en Pesci, quien ganaría el oscar al mejor actor de reparto (luego interpretaría a un clon de este Tommy de Vito en "Casino"). Ray Liotta brilla como personaje principal; no le queda grande el papel. Scorsese consigue extraer lo mejor de él. El resto del elenco acompaña de manera brillante.

A quien le guste el buen cine, no puede dejar de ver Goodfellas, que no es sólo una historia de gángsters; es el ejemplo perfecto de cómo debe filmarse una película.

A destacar: El ritmo de la narración.
A reprochar: -

Match Point (2005) - 8

Director: Woody Allen.
Intérpretes: Jonathan Rhys Meyers, Matthew Goode, Scarlett Johansson.

Cuando el joven Chris Wilton comienza a dar clases de tenis en un exclusivo club londinense, conocerá a Tom Hewett, con quien pronto traba amistad, ingresando en su círculo íntimo; terminará comprometido con su hermana pero a la vez fuertemente atraído por su pareja, dándose inicio una prohibida historia de engaños y pasiones.

Detrás de cualquier obra del genial Woody Allen siempre están presentes la ironía, el sarcasmo, la crítica sutil pero punzante, permanentemente despegada a partir de sus propias cavilaciones psicológicas y de sus angustias, sentimientos y crudas divagaciones.

En este caso, además de tomar de manera central el tema de las relaciones de pareja, la infidelidad conyugal y la atracción física como causante de las más osadas acciones, el director ubica en el punto central al azar tomado desde el ángulo de motor determinante del destino humano. En el tenis, match point es el momento en el cual sólo falta un punto para que uno de los jugadores gane el partido, y en tal faena, si la pelota toca la red podría volverse a campo propio o caer en el del rival; de un mínimo de azar depende ganar o perder el partido.

El pulso narrativo demostrado por Allen es impecable, y en ello mucho ayuda la banda sonora, íntegramente compuesta por arias operísticas, que envuelven al espectador en un halo de ansiedad y fascinación a medida que transcurre la historia, generando por momentos una sensación de exasperación similar a la que provocara la escena de Los Intocables, de Brian de Palma, cuando el agente Jim Malone (Sean Connery) se desangra al son de una ópera proveniente de su gramófono.

Las actuaciones son correctas; tal vez Rhys Meyers sobreactúe un poco su papel de hombre conflictuado por sus deseos y sus dramas; pero su expresión es acorde a lo que la situación exige. Los personajes, en tanto, están muy bien definidos y su interrelación ha sido perfectamente lograda. El guión, con sus giros y con su final que puede dejar boquiabierto a más de uno, tiene la precisión que se espera para este tipo de obras.

Una historia atrapante, perfectamente narrada, correctamente interpretada y que no dará al espectador ni un segundo de aburrimiento.

A destacar: La trama y el argumento.
A reprochar: El elenco podría haber sido mejor elegido…

Pelotón (1986) - 9

Director: Oliver Stone
Intérpretes: Tom Berenger, William Defoe, Charlie Sheen, Forest Withaker.

Vietnam, fines de los ’60. El joven Chris Taylor se alista como voluntario para participar en el frente de batalla.
Una vez allí, asignado a un pelotón que es enviado a diversas y duras misiones, se enfrenta cara a cara con la cruda realidad de la guerra y todos sus matices.


Siempre dispuesto a abordar temas polémicos – el asesinato de Kennedy, biopics como Nixon o The Doors – Oliver Stone nos ofrece, en este filme ganador del Oscar a la mejor película, un descarnado relato de la guerra de Vietnam, la cual es vista a través de los ojos de un muchacho que decide marchar por cuenta propia al conflicto bélico. Esta actitud del personaje constituye un desafío a los cánones de la época, según los cuales sólo los menos agraciados socialmente eran los indicados para marcharse a morir en una guerra que los americanos siempre consideraron ajena. Desde aquí se marca un punto de partida para la interpretación psicológica del personaje (correctamente interpretado por Charlie Sheen, aunque podría haberse comprometido más con el personaje), como una contracara noble hacia lo moralmente reprochable dentro de las tradiciones del sistema.

A medida que transcurre la cinta nos adentramos en las pasiones, dramas, conflictos y sueños de los integrantes del pelotón, y la ambivalencia moral latente logra crear un clima siempre enrarecido en el cual la ingenuidad de Taylor se desmorona en tanto crece la oscilación ambigua entre lo que el sistema admite (o exige) como necesario y lo moralmente correcto. Más allá de la crítica anti-bélica de Stone, subyace un notorio mensaje revisionista hacia los parámetros culturalmente establecidos que determinan los comportamientos sociales y hacia la conducta humana en general.

Las escenas bélicas logran estremecer, y el dramatismo, que surge en los muy bien narrados momentos en los que las injusticias propias de toda guerra son denunciadas, sacude de manera profunda. Las actuaciones de los enfrentados sargentos interpretados por unos sensacionales Tom Berenguer y William Defoe aportan una desmesurada credibilidad como ejes de un cerco dentro del cual se debaten la justicia, la amistad, la soledad, la esperanza, la vida y la muerte.

Resultan muy acertadas las tomas en las escenas de combate, que no marean ni aturden como en otras películas del género; no asistimos aquí a un despliegue de sonido y efectos visuales. Lo que se quiere mostrar es el momento visto desde los ojos de los desesperados protagonistas, lo cual se logra con extraordinario acierto. La banda sonora tal vez aporte demasiada sensiblería por momentos, pero acompaña a la perfección ciertas escenas en las que el drama desborda con creces a la intensidad propia de un tiroteo de ametralladoras. El guión brilla por su sobriedad y la definición de los personajes es perfecta.

Espléndida cinta de cine bélico, cita obligada para adentrarse en lo que significa realmente una guerra, sus aristas psicológicamente más densas, y sus deplorables e inalterables consecuencias.

A destacar: Su implacable crítica.
A reprochar: La opacidad de su fotografía.